Publicado: 4 de Abril de 2016

Con la mirada baja y el orgullo alto miraba Fernando Alonso el Ferrari con Sebastian Vettel a los mandos en la parrilla de salida antes de la carrera. Estaba junto al McLaren de Jenson Button y al asturiano, con los brazos a la espalda, manos cruzadas, le faltaba una libreta al estilo Adrian Newey. La imagen era tremenda, metáfora de una época que fue, del rival que está en tu coche, de dos genios con distinta suerte, dos que fueron los más grandes y que ayer… no comenzaron la carrera. Porque pasan muchas cosas en la Fórmula 1, un deporte en el que no puedes tomar un café sin que aparezca una noticia.

Antes, durante y después. Antes del gran premio Alonso no pudo correr por su lesión después del terrible accidente del GP de Australia, antes de la carrera Sebastian Vettel se quedó en la vuelta de instalación parado con el motor de su Ferrari echando humo. Y ya con la prueba empezada, en la salida Hamilton se queda noveno tras un toque con Bottas. Investigacion y drive through al finlandés. El campeón del mundo inició la remontada y en la vuelta ocho ya era tercero, puesto en el que finalmente acabó a casi veinte segundos de un Kimi Raikkonen que defendió bien el honor ferrarista con un segundo puesto. La victoria, otra vez, segunda del año, dos de dos… para Nico Rosberg. 

El alemán sonreía al bajar del coche como cuando le sirven su favorito en la heladería de su mujer en Ibiza. Está muy centrado, con la presión controlada de momento y ganando sin parar. Quinta victoria consecutiva, con las tres últimas de la pasada temporada, para un Rosberg que salió bien, ileso de la metralla de detrás y desde el primer puesto hizo una carrera muy solvente, la que merece su Mercedes. Líder destacado del Mundial.

Ahí, a pesar del abandono, va a tener como rival este año a Vettel y su Ferrari, y quizá a Raikkonen si renace como parece, el finlandés que saludaba en el podio a Aldo Costa como si no le conociera, el ingeniero italiano que echó Domenicali en 2001 de Ferrari y que construyó el coche campeón de 2007 de Iceman. Así es la Fórmula 1.

Un deporte, por otra parte, en el que los pilotos siguen teniendo algo que decir, aunque los coches más. De la primera parte de la frase sacamos a Daniel Ricciardo, cuarto con el Red Bull. De la segunda a Romain Grosjean, quinto con el tercer Ferrari, perdón con el Haas, un coche que debuta y está volando en este inicio de temporada. Tras ellos, sexto Max Verstappen en una carrera irregular del holandés. Ni él, ni Carlos Sainz están pudiendo sacar el máximo de un Toro Rosso que parecía más de lo que está siendo.

El madrileño lo tuvo imposible, abandono para él después de que Checo Pérez le pinchara un neumático y después tuviera problemas con el coche. Una pena. Porque era esta una carrera para destacar, como lo hizo Stoffel Vandoorne, décimo y puntuando en su primera carrera en F-1 y para dar los primeros puntos a McLaren Honda, que por otra parte abandonó con Button. Gran carrera también de Magnussen, undecimo desde el pit lane y de Pascal Wehrlein, decimotercero con el Manor.

De esta carrera hay varias conclusiones, la primera que Rosberg se aleja, pero Ferrari está cerca, que Hamilton sigue con sus vestidos y su música algo desconcentrado confiando en su talento, que Toro Rosso y Sainz pierden oportunidades y que McLaren aún está lejos. Y una esperanza. Que vuelva Alonso en China. No es lo mismo…